Por qué se hunde nuestra sociedad

Tras la 2ª Guerra Mundial, de la necesidad se hizo virtud, y la alegría de haber sobrevivido, junto a las ayudas americanas y el Plan Marshal, en Occidente se generó un optimismo y un afán de recuperación que dio lugar al desarrollismo de los años 50 y 60. Todo Occidente, incluido España, que se incorporó más tardíamente, desarrolló su economías sentando las bases de la sociedad del bienestar.

Fruto de esa opulencia, entre los hijos de papá se propagó el movimiento hippy con sus ideales de paz, amor y sexo para todos, que también llegó a España. A primeros de los 70 el pasotismo surgió como consecuencia del fracaso del ideales del movimiento hippie de finales de los 60 y de los ideales de mayo del 68. El pasotismo de los 70 fue acabando poco a poco con los valores de la sociedad hasta acabar, tras la estresante época yuppy de los 80 y 90, con la indolencia y la fobia de hoy hacia la sociedad misma, que es la que paradójicamente alimenta y sostiene a quienes la odian o desprecian.

De los ideales hippies de paz y amor expresados en la música de John Lennon, lo que quedaron fueron las drogas, y enfermedades promiscuas como el Sida, y con el pasotismo llegó la huída de nosotros mismos, la adoración al éxito, al enriquecimiento rápido, al lucimiento, el consumo irracional, y las músicas hirientes y estrambóticas; el egoísmo y la enajenación en suma. Y la indolencia de las masas.

Se destruyó la inocencia, la dulzura, el amor familiar; la familia misma. Se impuso el aborto y el rechazo social a las madres. La ausencia de valores en nuestras relaciones personales, el vacío espiritual, se ha suplido por otros valores menos comprometidos en la distancia corta, como la preocupación hipócrita por los pobres del mundo de países lejanos (cuanto más lejos estén mejor), por el medio ambiente o por los animales; mientras se desprecia al indigente, al marginado o sencillamente al amigo o a aquel que ha perdido su empleo. Mientras se asesina a los niños antes de nacer.

Espiritualmente se alimentan de los reality shows y de los programas que siguen de manera insidiosa los casos de asesinatos y violaciones en las televisiones, o pitonisas que satisfacen sus necesidad de apoyo espiritual sin esfuerzo ninguno.

Nuestra sociedad se ha convertido en una sociedad del resentimiento, la envidia, el rencor y el odio a sí misma. Sin ilusión, sin optimismo, que se siente oprimida y con dirigentes débiles y buenistas que juegan con sus emociones sin un rumbo fijo más que el de sostenerse en el poder y una oposición extremista que quiere por medio del engaño alcanzarlo.

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