Soneto alejandrino

Ese fuego de amor que me quema las entrañas
y luego me inunda de un placer inacabado,
me transporta por los campos, rios y montañas
de una vida, de un sueño y un mundo tan amado.

El recuerdo de todo aquello que me fue grato
es aquello que soñé, que viví realmente,
es aquello que de verdad soy, y lo acato,
un gozo presente continuo y permanente.

La vida no es como cada uno la vivió
sino que es como cada uno la recuerda,
cuando lo bueno prevaleció y lo malo obvió.

Pues cuando lo bueno con el presente concuerda
y lo malo que antes ocurrió ya se olvidó,
todo ya es bueno, de derecha a izquierda.
.

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