La siesta

El sopor de la tarde cigarrera…
El sillón de mimbre y la cabeza
reclinada sobre la cabecera.

La siesta del estío me echaba,
después del baño de la mañana,
fresco y alegre como cada día,
tras la comida a la sombra y la sandía.

El rumor de los niños me despiertan
imbatibles y ansiosos de jardín
y de nuevas aventuras vivir.
Viendo mariposas se alertan;
corriendo tras ellas los veo sonreír.

Van descubriendo por su cuenta
jara, hierbabuena y menta,
lombrices, libélulas y escarabajos
rojos, azules, verdes y morados.

Mientras, una lagartija
se mete tras la rendija.

La tormenta vespertina,
de truenos y lluvia repentina,
los recoge bajo el porche
mientras dura su inquina.

El olor de la tierra y la paja mojada.
El color del sol tardío sobre la montaña,
los árboles y las plantas empaña.
El sol y la lluvia en una unión amada

La noche serena y sosegada,
las conversaciones de madrugada,
la luna, que todo lo aclara.
El sueño cálido hasta la mañana…

El Estío, el calor y la calma
¡Se meten dentro del alma!

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